“Todos los días aprendo algo nuevo”

TODOS LOS DÍAS APRENDO ALGO NUEVO

TODOS LOS DÍAS APRENDO ALGO NUEVO

La primera vez que entré al vestidor del primer equipo, hace tres años, no sabía en dónde sentarme; había muchos veteranos en el club, me daba pena. Steve Mandanda, Romao, Lass (Diarra), Nicolas Nkoulou… estaba un poco perdido.Me paré a la mitad de la sala, esperando. Finalmente, Rolando me dijo que me sentara en su lugar. Eso hice. Y cada vez que me llamaban a entrenar con ellos, elegía el mismo sitio.
Prefería quedarme con los jóvenes como Max (Lopez) o Seyni (Alphousseyni Sané), pero como tampoco les habían asignado casilleros, se les complicó encontrar su lugar.
Ahora, me siento en la entrada del vestidor. A mi izquierda: Max. Y a su izquierda: el capitán Dimitri Payet. Esta vez pude elegir en dónde sentarme, así que lo hice a un lado de Max porque somos muy cercanos. Jugamos juntos en el equipo juvenil (Sub 19), nos conocemos desde hace tiempo.
En estos momentos me encuentro más tranquilo, pagué mis derechos. Bromeo con todos, todos bromean conmigo, me siento muy bien. Es paradójico porque, si soy igual que todos en el vestuario, en la cancha, sigo siendo ‘el joven’. Pero eso es completamente normal.

La primera vez que entré al vestidor del primer equipo, hace tres años, no sabía en dónde sentarme; había muchos veteranos en el club, me daba pena. Steve Mandanda, Romao, Lass (Diarra), Nicolas Nkoulou… estaba un poco perdido.Me paré a la mitad de la sala, esperando. Finalmente, Rolando me dijo que me sentara en su lugar. Eso hice. Y cada vez que me llamaban a entrenar con ellos, elegía el mismo sitio.
Prefería quedarme con los jóvenes como Max (Lopez) o Seyni (Alphousseyni Sané), pero como tampoco les habían asignado casilleros, se les complicó encontrar su lugar.
Ahora, me siento en la entrada del vestidor. A mi izquierda: Max. Y a su izquierda: el capitán Dimitri Payet. Esta vez pude elegir en dónde sentarme, así que lo hice a un lado de Max porque somos muy cercanos. Jugamos juntos en el equipo juvenil (Sub 19), nos conocemos desde hace tiempo.
En estos momentos me encuentro más tranquilo, pagué mis derechos. Bromeo con todos, todos bromean conmigo, me siento muy bien. Es paradójico porque, si soy igual que todos en el vestuario, en la cancha, sigo siendo ‘el joven’. Pero eso es completamente normal.

LAS REGLAS DENTRO DEL VESTIDOR SON ESENCIALES

Por ejemplo, cuando entrenamos los pases de balón, los jóvenes van al centro a defender. Es lo mismo cuando tenemos que mover las porterías para un partido o recoger y guardar la utilería.

Para mí, es natural, no se lo vamos a pedir a Rolando, que está en el final de su carrera, a Morgan (Sanson) o Steve (Mandanda), que vayan por los balones. También ellos, al principio de sus carreras, tuvieron que hacerlo, y será el mismo caso para los próximos jóvenes que lleguen al nivel profesional. Pasa lo mismo con la fisioterapia: los veteranos tienen prioridad en sus citas, mientras que los jóvenes son afortunados si les queda tiempo para un masaje. Por ejemplo, el día anterior al partido, los jóvenes como yo vamos después de los más experimentados. Estas reglas de vestidor son esenciales. Para mí es especial. Puedo jugar con muchachos que tienen grandes carreras y que han jugado en partidos de muy alto nivel.

Jugadores como Adil (Rami), Kevin (Strootman), Flo (Thauvin), Dim (Payet), Rolando, Valère (Germain). Todos los días aprendo algo nuevo.
Esto me permite ganar confianza en mi estilo y jugar más libre. Me obligan a comunicarme, a hablar con ellos e incluso a gritarles. En el Orange Vélodrome es difícil oír con tanto ruido, pero trato de hacerlo.

Es cierto que fuera de la cancha no soy de muchas palabras, pero en un partido, no tengo opción. Es por beneficio del equipo. Recuerdo que hace algunas semanas, en el Orange Vélodrome, le grité a Lucas (Ocampos) en el juego contra Caen (2-0) porque no estaba presionando a su marca asignada y nos ponía en riesgo. Le grité: «¿Lucas? ¡Llégale más rápido!.»

Por ejemplo, cuando entrenamos los pases de balón, los jóvenes van al centro a defender. Es lo mismo cuando tenemos que mover las porterías para un partido o recoger y guardar la utilería.

Para mí, es natural, no se lo vamos a pedir a Rolando, que está en el final de su carrera, a Morgan (Sanson) o Steve (Mandanda), que vayan por los balones. También ellos, al principio de sus carreras, tuvieron que hacerlo, y será el mismo caso para los próximos jóvenes que lleguen al nivel profesional. Pasa lo mismo con la fisioterapia: los veteranos tienen prioridad en sus citas, mientras que los jóvenes son afortunados si les queda tiempo para un masaje. Por ejemplo, el día anterior al partido, los jóvenes como yo vamos después de los más experimentados. Estas reglas de vestidor son esenciales. Para mí es especial. Puedo jugar con muchachos que tienen grandes carreras y que han jugado en partidos de muy alto nivel.

Jugadores como Adil (Rami), Kevin (Strootman), Flo (Thauvin), Dim (Payet), Rolando, Valère (Germain). Todos los días aprendo algo nuevo.
Esto me permite ganar confianza en mi estilo y jugar más libre. Me obligan a comunicarme, a hablar con ellos e incluso a gritarles. En el Orange Vélodrome es difícil oír con tanto ruido, pero trato de hacerlo.

Es cierto que fuera de la cancha no soy de muchas palabras, pero en un partido, no tengo opción. Es por beneficio del equipo. Recuerdo que hace algunas semanas, en el Orange Vélodrome, le grité a Lucas (Ocampos) en el juego contra Caen (2-0) porque no estaba presionando a su marca asignada y nos ponía en riesgo. Le grité: «¿Lucas? ¡Llégale más rápido!.»

ASÍ SOMOS EN EL GRUPO. SIN TONTERÍAS. NOS PODEMOS DECIR TODO DIRECTO A LOS OJOS

ASÍ SOMOS EN EL GRUPO. SIN TONTERÍAS. NOS PODEMOS DECIR TODO DIRECTO A LOS OJOS

También recuerdo haberle gritado a Valère (Germain) aunque no haya sido su culpa. Fue en Lyon, sólo quedábamos nueve jugadores porque Clinton (Njie) estaba lesionado. Yo estaba cansado de que nos hicieran correr tanto. Y, otra vez, le grité que se acercara al rival, pero desafortunadamente no pudo escucharme.Así somos en el grupo. Podemos decirnos todo. Palabras directas. Todos nos escuchamos mutuamente. A veces también nos disculpamos.

Estoy mejorando cada día y madurando más, porque la exigencia es muy alta. En la cancha, durante un partido, es claro, pero realmente es con todo. Si no voy a ejercitarme, me lo reclaman, cuando no voy por mi baño en frío, me lo recuerdan. Si hago un mal pase, me gritan…

Interactuar con este tipo de jugadores me hace mejorar. Salir de la Academia hasta el primer equipo es una aventura implacable. Todos los días me recuerdan que debo poner atención a cada aspecto de mi carrera: mi estilo de vida, mi dieta, mi recuperación y preparación… Así es como me estoy construyendo, poco a poco. Me dijeron ‘mira esto, mira aquello…’

Me di cuenta de que todos estos compromisos son necesarios para acceder a una gran carrera. No sólo se trata del fútbol, es mucho más que eso.Entre los veteranos, Dimitri Payet me hace reír mucho. Nos llevamos muy bien, pero dentro del estadio, en día de partido, no hay lugar para las bromas. Así es Dim.

También recuerdo haberle gritado a Valère (Germain) aunque no haya sido su culpa. Fue en Lyon, sólo quedábamos nueve jugadores porque Clinton (Njie) estaba lesionado. Yo estaba cansado de que nos hicieran correr tanto. Y, otra vez, le grité que se acercara al rival, pero desafortunadamente no pudo escucharme.Así somos en el grupo. Podemos decirnos todo. Palabras directas. Todos nos escuchamos mutuamente. A veces también nos disculpamos.

Estoy mejorando cada día y madurando más, porque la exigencia es muy alta. En la cancha, durante un partido, es claro, pero realmente es con todo. Si no voy a ejercitarme, me lo reclaman, cuando no voy por mi baño en frío, me lo recuerdan. Si hago un mal pase, me gritan…

Interactuar con este tipo de jugadores me hace mejorar. Salir de la Academia hasta el primer equipo es una aventura implacable. Todos los días me recuerdan que debo poner atención a cada aspecto de mi carrera: mi estilo de vida, mi dieta, mi recuperación y preparación… Así es como me estoy construyendo, poco a poco. Me dijeron ‘mira esto, mira aquello…’

Me di cuenta de que todos estos compromisos son necesarios para acceder a una gran carrera. No sólo se trata del fútbol, es mucho más que eso.Entre los veteranos, Dimitri Payet me hace reír mucho. Nos llevamos muy bien, pero dentro del estadio, en día de partido, no hay lugar para las bromas. Así es Dim.

MIRA ESTO, MIRA AQUELLO…

MIRA ESTO, MIRA AQUELLO…

Es algo similar con Adil (Rami). Siempre es el primero en bromear, pero durante el partido, no puede ser más serio. No podemos dejar que nos anoten. Sufrir primero, jugar bien después. Todos, de alguna forma, esperan mucho de mí, pero también del resto del grupo.

Me uní al primer equipo hace tres años, durante el verano de 2015. Como es tradición, tuve que hacer una novatada: de pronto, escuché cubiertos pegando en los vasos, me levanté y escogí cantar una canción de (el artista francés oriundo de Marsella) Jul. Los demás no se burlaron tanto de mí porque a Rémy Cabella le gusta ese cantante.

Después tuve mucha actividad en partidos oficiales. El primero contra Bordeaux (29 de octubre de 2016), pero salí a la banca, como sucede normalmente con los jóvenes. Esto me permitió aprender, ganar experiencia, formar parte del grupo en las últimas horas previas a un partido, hasta el día que el entrenador me dio la oportunidad de jugar un partido oficial.

Fue en diciembre de 2016, acababa de cumplir 17 (el 23 de noviembre), para una visita a Sochaux por la Copa de la Liga. Estábamos en el hotel. Yo esperaba estar, al menos, en la banca, ya que Hiroki (Sakai), Tomas [Hubocan], Rolando, Doria ya estaban ahí… Y finalmente, Rudi Garcia me dijo que yo iniciaría en la banda derecha. Me puse feliz pero muy nervioso. Ninguna presión específica ni estrés, simplemente temor al mundo profesional, el ambiente, las cámaras, la atmósfera… tantos sentimientos que se diluyeron tras unos minutos de juego. Confiaba en mi habilidad de seguir las instrucciones del entrenador, pero como era mi primera vez, no podía compararlo con nada de mi pasado.

No obstante, mientras jugaba por derecha, el entrenador estaba cerca y me habló constantemente para reforzarme, ayudándome a ganar confianza. Sentí que estuvo conmigo todo el tiempo.
A mi izquierda, Rolando también me guiaba. Es mucha la experiencia que irradia. Tengo grandes recuerdos de este partido más allá de la derrota. Pese a ello, esa noche me di cuenta de que quería brillar en el OM. No podía esperar al siguiente juego.

Es algo similar con Adil (Rami). Siempre es el primero en bromear, pero durante el partido, no puede ser más serio. No podemos dejar que nos anoten. Sufrir primero, jugar bien después. Todos, de alguna forma, esperan mucho de mí, pero también del resto del grupo.

Me uní al primer equipo hace tres años, durante el verano de 2015. Como es tradición, tuve que hacer una novatada: de pronto, escuché cubiertos pegando en los vasos, me levanté y escogí cantar una canción de (el artista francés oriundo de Marsella) Jul. Los demás no se burlaron tanto de mí porque a Rémy Cabella le gusta ese cantante.

Después tuve mucha actividad en partidos oficiales. El primero contra Bordeaux (29 de octubre de 2016), pero salí a la banca, como sucede normalmente con los jóvenes. Esto me permitió aprender, ganar experiencia, formar parte del grupo en las últimas horas previas a un partido, hasta el día que el entrenador me dio la oportunidad de jugar un partido oficial.

Fue en diciembre de 2016, acababa de cumplir 17 (el 23 de noviembre), para una visita a Sochaux por la Copa de la Liga. Estábamos en el hotel. Yo esperaba estar, al menos, en la banca, ya que Hiroki (Sakai), Tomas [Hubocan], Rolando, Doria ya estaban ahí… Y finalmente, Rudi Garcia me dijo que yo iniciaría en la banda derecha. Me puse feliz pero muy nervioso. Ninguna presión específica ni estrés, simplemente temor al mundo profesional, el ambiente, las cámaras, la atmósfera… tantos sentimientos que se diluyeron tras unos minutos de juego. Confiaba en mi habilidad de seguir las instrucciones del entrenador, pero como era mi primera vez, no podía compararlo con nada de mi pasado.

No obstante, mientras jugaba por derecha, el entrenador estaba cerca y me habló constantemente para reforzarme, ayudándome a ganar confianza. Sentí que estuvo conmigo todo el tiempo.
A mi izquierda, Rolando también me guiaba. Es mucha la experiencia que irradia. Tengo grandes recuerdos de este partido más allá de la derrota. Pese a ello, esa noche me di cuenta de que quería brillar en el OM. No podía esperar al siguiente juego.

CUANDO ENFRENTO A LOS MEJORES AUMENTO MI CALIDAD…

CUANDO ENFRENTO A LOS MEJORES AUMENTO MI CALIDAD…

Tengo una gran relación con nuestro técnico Rudi Garcia. Él nunca señala a un jugador en particular, el grupo siempre prevalece. Me trata como un jugador igual a todos, ni más ni menos. Lo escucho con atención y aplico cada consejo que me da. Charlamos de vez en cuando y siempre me deja algo útil. Lo mismo aplica con el personal de entrenamiento, incluso si trabajo más de cerca con ‘Jobi’ (Stéphane Jobard) que apenas llegó esta temporada al OM. Como solía ser central, tengo muchas sesiones con él. Trabajamos en mis movimientos y mi posición. A veces él se me acerca, otras yo acudo a él por consejos.

Podré admirarlos por televisión, pero si debo enfrentarlos, son como cualquier otro rival: ya sea Falcao, Fekir, Mbappé o Neymar… voy a defender igual. Son oponentes, nada más. Para mí, podrán venir de la National 2 o directo de la Copa del Mundo, debo cumplir la misma labor y enfocarme de la misma forma. No porque esté contra Mabppé, Neymar o cualquier otro de ese nivel, me voy a congelar… Incluso es mejor enfrentar a este tipo de estrellas porque, seguramente, en contra de los mejores es como voy a destacar.

Tengo una gran relación con nuestro técnico Rudi Garcia. Él nunca señala a un jugador en particular, el grupo siempre prevalece. Me trata como un jugador igual a todos, ni más ni menos. Lo escucho con atención y aplico cada consejo que me da. Charlamos de vez en cuando y siempre me deja algo útil. Lo mismo aplica con el personal de entrenamiento, incluso si trabajo más de cerca con ‘Jobi’ (Stéphane Jobard) que apenas llegó esta temporada al OM. Como solía ser central, tengo muchas sesiones con él. Trabajamos en mis movimientos y mi posición. A veces él se me acerca, otras yo acudo a él por consejos.

Podré admirarlos por televisión, pero si debo enfrentarlos, son como cualquier otro rival: ya sea Falcao, Fekir, Mbappé o Neymar… voy a defender igual. Son oponentes, nada más. Para mí, podrán venir de la National 2 o directo de la Copa del Mundo, debo cumplir la misma labor y enfocarme de la misma forma. No porque esté contra Mabppé, Neymar o cualquier otro de ese nivel, me voy a congelar… Incluso es mejor enfrentar a este tipo de estrellas porque, seguramente, en contra de los mejores es como voy a destacar.

3er

olympien más joven en jugar 15 partidos de Ligue 1

90%

Éxito de pases esta temporada.

17años

olympien más joven en ser titular por Europa

Recuerdo, por ejemplo, cuando Sergio Ramos del Real Madrid estaba uno a uno contra Ronaldinho del Barcelona: normalmente se veía indefenso, pero eso no lo limitó para convertirse en uno de los mejores, si no es que el mejor defensa del mundo.

Es un modelo. Un defensa calmado con gran técnica y armas al ataque. Es el jefe de la cancha. Sé que me falta mucho por aprender pero él me inspira para mejorar y alcanzar su nivel. Es agresivo, valiente y sabe cómo imponerse. Me gusta cómo presiona a sus oponentes. Yo trato de mostrarle a los delanteros que llegaré fuerte a los duelos, desde el primero hasta el último. No soy tan alto como Adil [Rami] o Rolando, pero igual que Ramos, hago que mis rivales sepan que, con mis propios atributos y habilidades, seguiré peleando contra ellos.

Recuerdo, por ejemplo, cuando Sergio Ramos del Real Madrid estaba uno a uno contra Ronaldinho del Barcelona: normalmente se veía indefenso, pero eso no lo limitó para convertirse en uno de los mejores, si no es que el mejor defensa del mundo.

Es un modelo. Un defensa calmado con gran técnica y armas al ataque. Es el jefe de la cancha. Sé que me falta mucho por aprender pero él me inspira para mejorar y alcanzar su nivel. Es agresivo, valiente y sabe cómo imponerse. Me gusta cómo presiona a sus oponentes. Yo trato de mostrarle a los delanteros que llegaré fuerte a los duelos, desde el primero hasta el último. No soy tan alto como Adil [Rami] o Rolando, pero igual que Ramos, hago que mis rivales sepan que, con mis propios atributos y habilidades, seguiré peleando contra ellos.

A VECES ME REFLEJO EN ROLANDO…

 

A VECES ME REFLEJO EN ROLANDO… 

 

Me siento bien como defensa central. He jugado esta posición desde niño. Prefiero tener el juego enfrente de mí para detener ataques, fingir pases, despejar, recuperar el balón…
Cuando juego con Luiz (Gustavo), por ejemplo, voy por derecha, lo que me permite arrancar de perfil derecho. Si voy con Adil (Rami) me toca el rol de liderazgo: tomaré el primer balón desde atrás y trataré de presionar a los oponentes en el medio campo. Con Rolando, es similar a mi juego con Luiz.

Me gusta darle claridad al balón, eliminar a dos o tres rivales con un buen pase. Claro que prefiero controlar en vez de patear al instante. También me gusta anticiparme, leer el partido. Eso es más fácil como defensa central.

En cuanto a mi estilo, lo siento muy parecido al de Rolando. Tiene grandes habilidades y puede jugar con ambos pies. No es muy rápido, pero se mueve bastante bien y sabe cómo anticiparse y leer el partido. A veces, en los entrenamientos, me veo reflejado en él. Veo cómo se mueve para robar el balón. Es muy bueno técnicamente y usa muy bien la cabeza en fases ofensivas y defensivas. En el OM, es el jugador que más me inspira. Me da muchos consejos.

Siempre he portado el número 4. Aproveché la salida de Karim (Rekik) para recuperarlo. Es un símbolo personal porque he tenido ese número desde las escuadras inferiores. De no haber tenido el 4, hubiera elegido el 23, mi día de cumpleaños”.

Me siento bien como defensa central. He jugado esta posición desde niño. Prefiero tener el juego enfrente de mí para detener ataques, fingir pases, despejar, recuperar el balón…
Cuando juego con Luiz (Gustavo), por ejemplo, voy por derecha, lo que me permite arrancar de perfil derecho. Si voy con Adil (Rami) me toca el rol de liderazgo: tomaré el primer balón desde atrás y trataré de presionar a los oponentes en el medio campo. Con Rolando, es similar a mi juego con Luiz.

Me gusta darle claridad al balón, eliminar a dos o tres rivales con un buen pase. Claro que prefiero controlar en vez de patear al instante. También me gusta anticiparme, leer el partido. Eso es más fácil como defensa central.

En cuanto a mi estilo, lo siento muy parecido al de Rolando. Tiene grandes habilidades y puede jugar con ambos pies. No es muy rápido, pero se mueve bastante bien y sabe cómo anticiparse y leer el partido. A veces, en los entrenamientos, me veo reflejado en él. Veo cómo se mueve para robar el balón. Es muy bueno técnicamente y usa muy bien la cabeza en fases ofensivas y defensivas. En el OM, es el jugador que más me inspira. Me da muchos consejos.

Siempre he portado el número 4. Aproveché la salida de Karim (Rekik) para recuperarlo. Es un símbolo personal porque he tenido ese número desde las escuadras inferiores. De no haber tenido el 4, hubiera elegido el 23, mi día de cumpleaños”.

Boubacar KAMARA

Boubacar KAMARA

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« El OM, sólo el OM »

"El OM, sólo el OM"


El OM, sólo el OM


Muchos niños sueñan con el Real Madrid, el Bayern Munich, Manchester United… bueno, yo soñaba con el OM.

Nací en Marsella y como todos acá, traigo al club en la piel. Es un sentimiento único, una conexión especial mucho más intensa ya que mi padre Bruno, jugó para el OM en su carrera, en una de las épocas más prestigiosas en la historia del club (1989-1991), incluso la más hermosa a la fecha.

Pasé los primeros años de mi niñez en Marsella, mi papá algunas veces me llevaba al entrenamiento en el estadio Vélodrome, los días después de los partidos. En aquel tiempo, ¡podías conocer a Carlos Mozer, Chris Waddle, Jean-Pierre Papin! ¡Yo caminaba por en medio de todos estos grandes jugadores! E incluso aunque no haya pasado mucho tiempo en Marsella en aquellos tiempos, solo tres o cuatro años creo, siempre me sentí un Marsellés.

El OM es mi más grande pasión, por lo que representa este club, así como para los fantásticos jugadores que han jugado acá cada temporada. Y yo era como cualquier otro joven aficionado: transformé mi cuarto de color azul y blanco, ponía pósters en todas las paredes, e iba al fútbol vestido con mi playera del OM, incluso cuando jugaba para el club de fútbol de Orleans o en la escuela.

Cuando jugábamos fútbol en el receso, ¡pretendía que era un jugador del OM! Olvídense del Real Madrid, Barcelona o Manchester United, no. Para mí, era el OM. Nada más que el OM.

«Cuando jugábamos fútbol en el receso, ¡pretendía que era un jugador del OM! «

Cada cumpleaños, cada navidad, siempre pedía mi playera del OM como regalo, así que podía ir a la práctica de fútbol con mi nuevo uniforme. ¡Estaba muy orgulloso! ¡Y también lo estaban mis papás!

La verdad sea dicha, el OM era el tema favorito de las pláticas en casa, porque el club había dejado una huella importante en mi papá. Pasó los mejores años de su carrera profesional en el OM, ganando varios trofeos y siendo parte de eventos inolvidables.

¡Perderse un partido en la tele simplemente no estaba en el plan! Era muy bueno cuando ganábamos un partido porque al siguiente día, llegaba a la escuela muy orgulloso y contento. Por el otro lado, con algunos de mis compañeros de clase que apoyaban a otros equipos, no te imaginas la pesadilla que era llegar al día siguiente a una derrota. Afortunadamente para mí, ¡eso no pasaba seguido!

Recuerdo claramente la temporada de 1998/99, cuando estaban Christophe Dugarry, Maurice Florian, Laurent Blanc, Fabrizio Ravanelli… El OM ganó su pase a la final de la Copa UEFA en 1999. Desafortunadamente, la perdimos ante el Parma (3-0). Tenía solo siete u ocho años entonces.

Los primeros recuerdos que tengo del OM vienen de principios de siglo. Recuerdo particularmente los logros de Didier Drogba. Era tan fan de él que tenía su póster en el muro de mi cuarto en Orleans.

De Orléans hasta Göteborg…


Esa temporada, tuve la oportunidad de viajar un poco, especialmente por Europa, con mi papá. ¡Fue extraordinario! Fui a Newcastle para la semifinal (22 de abril de 2004), cuando el OM empató 0-0. Fui también a Gotemburgo para la final el 19 de mayo de 2004, cuando perdimos ante Valencia (2-0). El partido quizá lo perdimos cuando en la primera mitad, el árbitro italiano Pierluigi Collina expulsó a Fabien Barthez…

« ¡Collina nos mató! »

Recuerdo que en la tribuna, con los ex jugadores del club invitados para la final, estábamos tan decepcionados por cómo se dieron las cosas, que nos unimos a los cánticos de los aficionados del OM: «Y Collina, y Collina, y Collina es un… y Collina es un…«

En aquel momento, vivía mi pasión al máximo. Estaba muy feliz de estar ahí, de estar en el estadio para esta cuarta final en la historia del club, a pesar de que, como todos los fans del OM que fueron a Suecia, me hubiera gustado que el resultado del partido fuera distinto.

Cuando crecía, también desarrollé algo de confianza en la cancha. Luego del US Orleans, pasé un año en la Academia de Fútbol de Châteauroux. Seis meses después, me uní al AS Monaco, que era famosos por sus resultados con los jóvenes jugadores. No mucho después de eso, escuché que el OM estaba interesado en firmarme. ¡Mi club me quería! ¿Lo pueden creer?

En la primavera de ese año, jugué en contra de Châteauroux en la Copa Nacional Sub 14. Mi papá estaba ahí, igual que muchos papás de los jugadores… ¡y ahí vi a José Anigo!

Anigo, quien era el Director Deportivo del OM en aquel tiempo, estaba ahí en el estadio. Le dijo a mi papá que encontraba interesante mi perfil y estilo y, ¡que deseaba que me pudiera unir al Olympique de Marseille! Habló mucho de todo eso con mi papá, quien respondió que, desafortunadamente, acababa de firmar con el AS Monaco. Mi papá, un hombre que siempre se mantuvo tranquilo y que nunca se vio envuelto en las decisiones de transferencias, le dijo que, por respeto al AS Monaco, no era él quien debería hacer el primer paso. Desafortunadamente para mí.

Cuando supe eso, estaba muy decepcionado, ¡porque podría haber vestido el jersey de mi equipo ahí mismo! Incluso sabiendo que la Academia del AS Monaco era muy buena, era una pena.

28

Años

48

Partidos

16

Goles

De padre a hijo


Finalmente tuve que esperar unos años para que se hiciera realidad mi sueño de la infancia. Pero también supe que era el momento correcto para venir acá al Marsella, luego de la temporada que había hecho con el AS Monaco.

También supe que, si no hubiera jugado en ese club, podría haberme perdido algo en mi carrera. Especialmente ahora, cuando llego cada mañana a los entrenamientos, me siento tanto conmovido como orgulloso de ver que estoy tomando el mismo camino que mi papá. 30 años después, tengo la misma vida que él tenía, visto la misma camiseta que él portaba, con la misma satisfacción. Entreno en las mismas canchas y juego en el mismo estadio. Todo eso hace nuestro lazo más fuerte, incluso más cómplice. Pero irónicamente, esta situación le puede causar un poco más de stress cuando mira los partidos del OM hoy que cuando era él quien jugaba hace 30 años.

Mi padre fue muy afortunado para jugar en uno de los equipos más grandes en la historia del club, en ganar muchos trofeos experimentar maravillosos eventos. Habla de ello de vez en cuando, especialmente cuando empiezo a preguntarle de esa época.

« ¡Dile hola a tu papá! »

Algunas veces, algunas personas en las calles de Marsella se me acercan y me dicen: “¡Me tomé una foto similar con tu papá hace algunos años! Felicidades, muy bien hecho, ¡Ustedes nos hacen muy felices!”, o “por favor dile hola a tu papá, ¡él era un increíble jugador en esos años!”.

Soy igual de afortunado como los hermanos Ayew (André y Jordan) con su papá Abedi Pelé: afortunados de que él y mi padre fueran parte de un equipo exitoso que ganó todo.

Para los fans, ver de nuevo el apellido Germain y Ayew les trae grandes recuerdos de su club, y eso hace a la gente extremadamente dulce, amable y buena. ¡Eso también significa muchas expectativas! Pero sé que todo va a ir bien, aunque ya he jugado algunos partidos sin anotar gol.

¡Ganay, título, Vieux-Port!


Estábamos en el estadio ese 5 de mayo de 2010 cuando nos convertimos en campeones franceses, ganando 3-1 en contra del Rennes.

Recuerdo claramente porque habíamos comprado nuestros boletos para ese partido más de dos semanas antes, y realmente estábamos esperando que el OM no se coronaran campeones antes de ese partido.

Éramos cinco o seis amigos, en la Ganay. Comenzó a llover durante la segunda mitad, pero el OM pudo ganar ese partido gracias a los goles de Gabriel Heinze, Mamadou Niang y Lucho González.

¡Fue mágico! El OM no era campeón de Francia desde 1992, ¡era toda una locura! Por supuesto, el mismo equipo había ganado la Copa de la Liga algunas semanas antes (3-1 ante el Bordeaux), pero aún así, ¡esa fue noche increíble!

Nos fuimos todos al “Viejo Puerto” para celebrar nuestra victoria.

Valère Germain

© Fotos de archivo : Helios Image | Colección privada

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«El Athletic para mí...»

No suelo tomar la palabra.

Ya se habrán dado cuenta, rara vez aparezco en escena. Pero el sorteo de eliminación de la UEFA Europa League nos hace enfrentarnos al Athletic. Así es que cuando me ofrecieron escribir este artículo, acepté. Porque, más allá de los títulos ganados y de los años que pasé en este club, hubo algunos momentos y encuentros únicos que me forjaron al jugador en el que me convertí y en el hombre que soy.

En cada equipo en el que juegas, siempre hay un elemento común. Pasión. La pasión que tienes por tu club. La pasión que rodea a tu club. La pasión que tu club transmite. Al igual que en Marsella, en Bilbao comienzas a hablar del siguiente partido desde el lunes por la mañana. El Athletic, además, tiene muchas costumbres únicas. La más conocida es que todos los jugadores que porten los colores del Club deben ser vascos. Nací el 23 de octubre de 1961, en una pequeña ciudad en la provincia de Gipuzkoa, en el País Vasco. Desde entonces, el club de mis amores siempre había sido el Athletic. Ya era portero. El País Vasco siempre ha sido cuna de grandes arqueros. Esta posición -también única- parece estar en el ADN de esta región.

«José Angel Iribar fue un histórico portero del Athletic. Ha sido una fuente de inspiración para mí. Era su fan. Al punto de querer convertirme yo mismo en portero.»

José Angel Iribar fue un histórico portero del Athletic. Ha sido una fuente de inspiración para mí. Era su fan. Al punto de querer convertirme yo mismo en portero.

Mis inicios.

A los 18, mientras jugaba para el Deportivo Alavés, el FC Barcelona quería ficharme. El Athletic también. Mi elección fue simple. Una de las razones, pero no la última, que me empujó a unirme a este club fue José Angel Iribar. Él fue un histórico portero del Athletic. Ha sido una fuente de inspiración para mí. Era un gran fan suyo, al punto de querer convertirme yo mismo en portero.

Cuando llegué al Athletic, puse en la balanza que tenía que trabajar al lado de ese gran jugador y conocer esa personalidad. Establecimos lazos cercanos y mantenemos el contacto desde entonces. Celebró la semana pasada su 75° cumpleaños. Iribar era el entrenador de los porteros del primer equipo y de los juveniles. Fue una reunión importante e inolvidable para mí. Fue la piedra base, el hilo de mi carrera, en muchas maneras. Recuerdo los entrenamientos. También recuerdo compartir comidas con él. Podíamos comer durante 2 horas hablando sobre cualquier tema, pero sobre todo… fútbol, la posición de portero especialmente. Éramos un grupo de 4-5 arqueros. Estas comidas siempre estaban acompañadas con emocionantes anécdotas de cada uno. Nos habló de sus experiencias. Todavía estábamos lejos del acoso mediático que el fútbol actual experimenta. Nos dijo su manera de ver la vida en general. ¿Cómo podía uno vivir bien como jugador mientras cumplía su sueño? Era muy gratificante, para el futbolista y portero que yo era. Para el hombre en el que me estaba convirtiendo.

No trabajamos en excusas, trabajamos en solucionar los problemas.

De estos intercambios recuerdo varias cosas: lo más importante es realizar las cosas que dices que quieres hacer. Esto es nuestro lado «Vasco». En el País Vasco, somos muy pragmáticos. Si nos decidimos en hacer algo, nos damos a nosotros mismos los medios para conseguirlo y vamos por ello. No hay un gran discurso. No hay palabras bonitas. Tienes que estar en acción. No importa si cometemos errores. Tienes que intentarlo, intentarlo y tomar riesgos. Solo las acciones cuentan. No trabajamos en excusas. Trabajamos en solucionar los problemas. Es una ruta de acción que Iribar inculcó en mí. Crecemos cuando reconocemos los problemas. Es lo que estoy tratando de hacer hoy todavía.

Mi debut profesional.

Mi primera aparición como profesional fue muy inesperada. Fue durante mi servicio militar. No entrenaba hasta la tarde. No veía al primer equipo. Hubo una extraña situación en aquel tiempo con la huelga de los jugadores del campeonato. Me llamaron una noche de jueves para asistir a una reunión en la cual me dijeron que iba a jugar el sábado. Nos íbamos a enfrentar al Atlético de Madrid. El partido era televisado. En aquella época, esto añadía presión. Perdimos 2-0. Al final de la temporada 1980-81, el entrenador del filial fue ascendido al primer equipo. Era Javier Clemente. Decidió llevarse a varios jugadores de los reservas con él. Para los porteros, fue Iribar quien tomó esa decision. Apostó por mí, pero también por Andoni Cedrun, el hijo de Carmelo Cedrún, también ex-portero profesional. Yo era el titular y me mantuve ahí.

Un club donde tienes que jugar con el corazón.

Cuando llegué al Athletic, conocía mis cualidades. Había empezado a desarrollar mi juego en las categorías inferiores de la selección española, pero fue al lado de Iribar donde di el salto definitivo. Aprendí lo que los altos estándares y el profesionalismo significaban. También me mostró la importancia de los valores en el fútbol, especialmente en la ciudad de Bilbao. El Athletic es un club histórico. El único, al lado del FC Barcelona y el Real Madrid, que nunca ha jugado en segunda división. Es un club donde tienes que jugar con el corazón. Da igual el rival, tienes que salir a ganar cada partido. Es un tema cultural también. En Bilbao, una ciudad industrial, lidiamos con trabajadores muy duros. Nadie se sorprende de ver gente llegar al trabajo a las 7 de la mañana. Esta inversión y gusto por el trabajo, lo encuentras de manera especial cuando vistes estos colores. Es por eso que el frenesí por este club es especial. Apoyamos al primer equipo igual al resto de equipos del club. No es extraño ver partidos de los juveniles o del equipo femenino que se juegan ante 25,000 aficionados. Valoramos a todos, nos interesamos y celebramos el trabajo y éxitos de todos los equipos del club.

Cuando firmé mi contrato, me pregunté muchas cosas. ¿Cómo iba a crecer al lado de una leyenda como Iribar? ¡Era el portero desde hacía más de 19 años! ¿Cómo iba a triunfar ante tal leyenda? Un portero que tenía el récord de partidos jugados con la selección nacional. No era fácil para mí. Especialmente porque no había completado mi temporada de juveniles en Bilbao. ¿Cómo iba a encontrar mi lugar en el club que favorecía a jugadores de su propia cantera? Iribar me ayudó a encontrar mi lugar. Más tarde, gracias al trabajo, comenzaron a llegar los primeros títulos…

Un momento único que guardaré siempre en mi memoria.

Un momento único que guardaré siempre en mi memoria.

Mi primer título.

De todos los títulos que gané con el Athletic, el primero tiene un significado especial para mí. Todo se jugaba en la última jornada de la temporada. El Real Madrid se enfrentaba al Valencia CF y nosotros nos enfrentábamos a Las Palmas. El Madrid estaba en una buena dinámica sin perder partidos. Sin embargo, perdieron ese día en los segundos finales del partido, mientras nosotros ganábamos 5-1. Recuerdo una frase de Piru Gainza, la mano derecha de Javier Clemente: «Chicos, todavía no os habéis dado cuenta de lo que habéis alcanzado, ¡pero mañana veréis! Y así fue, ¡lo vimos! Cuando regresamos a nuestra ciudad, una gran multitud estaba esperándonos en el aeropuerto. En las calles de Bilbao, había millones de fans, algunos venían de muy lejos. Jóvenes, ancianos, familias. Toda la comunidad. Fue un momento único que quedará grabado en mi memoria.

En los 80’s, la situación política era espantosa en España y en el País Vasco. Los ataques se multiplicaban. Sin embargo, cuando el Athletic jugaba, solo había hinchas unidos y juntos por el mismo escudo. Esta pasión continuó la temporada siguiente durante el Doblete de Copa y Liga. Y continuó con el paso del tiempo… incluso cuando el equipo perdía. En 2012, con Marcelo Bielsa en el banquillo, el Athletic finalizó sexto en la Liga, perdió en la final de la UEFA Cup y en la final de la Copa del Rey. Los aficionados quisieron felicitar al equipo por este gran trabajo. Hay reconocimiento y apoyo inquebrantable del público en los buenos momentos, pero especialmente, en los momentos más duros.

Chicos, todavía no os habéis dado cuenta de lo que habéis alcanzado, ¡pero mañana veréis!

La relación que tengo con el Athletic no siempre ha sido fácil. Hubo momentos duros. Cuando era director deportivo, pero también como jugador. Soñé con seguir el mismo camino que mi mentor. ¿Por qué no permanecer en el club por 10, 15 o quizá 19 años como Iribar? No me di cuenta que el fútbol quizá estaba evolucionando y que estaba lleno de sorpresas…

Mi salida al FC Barcelona.

En 1986, mi situación era tanto simple como complicada. No tenía un agente. Mi contrato terminó al final de la temporada 1986. En mi cabeza, no tenía dudas: mi aventura con el club iba a continuar de manera natural. Sin embargo, el FC Barcelona quería firmarme. La dirección catalana vino a verme a ver y me transmitieron su deseo de contar conmigo. Les dije que hablaran directamente con el Athletic. Ellos estaban sorprendidos teniendo en cuenta que no tenía un contrato. «Andoni, ¿Por qué deberíamos negociar tu venta cuando tu contrato ya ha finalizado?» Pero para mí, era inconcebible hacer otra cosa. Así es que el Barcelona dio los primeros pasos. Estaba relajado pensando que obtendrían un rotundo «no», pero no fue el caso. «Necesitamos dinero Andoni, tienes que ir al Barcelona». Y así fue. Vender a un jugador libre de contrato es muy raro, ¿no? No creo que se hayan visto casos similares en el fútbol.

¿Porqué deberíamos negociar tu venta si tu contrato ya ha finalizado?

Así que fui a Barcelona donde viví nuevas aventuras y conocí gente nueva. Barça es otra forma de jugar al fútbol. Otra cultura. Otra pasión. Pero eso lo dejaremos para otro día. Quién sabe, quizá nos enfrentemos a ellos en la UEFA Champions League en un futuro no muy lejano…

Andoni Zubizarreta

© Crédito Fotos de Archivo: Athletic Club Museum Archive

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