No suelo tomar la palabra.

Ya se habrán dado cuenta, rara vez aparezco en escena. Pero el sorteo de eliminación de la UEFA Europa League nos hace enfrentarnos al Athletic. Así es que cuando me ofrecieron escribir este artículo, acepté. Porque, más allá de los títulos ganados y de los años que pasé en este club, hubo algunos momentos y encuentros únicos que me forjaron al jugador en el que me convertí y en el hombre que soy.

En cada equipo en el que juegas, siempre hay un elemento común. Pasión. La pasión que tienes por tu club. La pasión que rodea a tu club. La pasión que tu club transmite. Al igual que en Marsella, en Bilbao comienzas a hablar del siguiente partido desde el lunes por la mañana. El Athletic, además, tiene muchas costumbres únicas. La más conocida es que todos los jugadores que porten los colores del Club deben ser vascos. Nací el 23 de octubre de 1961, en una pequeña ciudad en la provincia de Gipuzkoa, en el País Vasco. Desde entonces, el club de mis amores siempre había sido el Athletic. Ya era portero. El País Vasco siempre ha sido cuna de grandes arqueros. Esta posición -también única- parece estar en el ADN de esta región.

«José Angel Iribar fue un histórico portero del Athletic. Ha sido una fuente de inspiración para mí. Era su fan. Al punto de querer convertirme yo mismo en portero.»

José Angel Iribar fue un histórico portero del Athletic. Ha sido una fuente de inspiración para mí. Era su fan. Al punto de querer convertirme yo mismo en portero.

Mis inicios.

A los 18, mientras jugaba para el Deportivo Alavés, el FC Barcelona quería ficharme. El Athletic también. Mi elección fue simple. Una de las razones, pero no la última, que me empujó a unirme a este club fue José Angel Iribar. Él fue un histórico portero del Athletic. Ha sido una fuente de inspiración para mí. Era un gran fan suyo, al punto de querer convertirme yo mismo en portero.

Cuando llegué al Athletic, puse en la balanza que tenía que trabajar al lado de ese gran jugador y conocer esa personalidad. Establecimos lazos cercanos y mantenemos el contacto desde entonces. Celebró la semana pasada su 75° cumpleaños. Iribar era el entrenador de los porteros del primer equipo y de los juveniles. Fue una reunión importante e inolvidable para mí. Fue la piedra base, el hilo de mi carrera, en muchas maneras. Recuerdo los entrenamientos. También recuerdo compartir comidas con él. Podíamos comer durante 2 horas hablando sobre cualquier tema, pero sobre todo… fútbol, la posición de portero especialmente. Éramos un grupo de 4-5 arqueros. Estas comidas siempre estaban acompañadas con emocionantes anécdotas de cada uno. Nos habló de sus experiencias. Todavía estábamos lejos del acoso mediático que el fútbol actual experimenta. Nos dijo su manera de ver la vida en general. ¿Cómo podía uno vivir bien como jugador mientras cumplía su sueño? Era muy gratificante, para el futbolista y portero que yo era. Para el hombre en el que me estaba convirtiendo.

No trabajamos en excusas, trabajamos en solucionar los problemas.

De estos intercambios recuerdo varias cosas: lo más importante es realizar las cosas que dices que quieres hacer. Esto es nuestro lado «Vasco». En el País Vasco, somos muy pragmáticos. Si nos decidimos en hacer algo, nos damos a nosotros mismos los medios para conseguirlo y vamos por ello. No hay un gran discurso. No hay palabras bonitas. Tienes que estar en acción. No importa si cometemos errores. Tienes que intentarlo, intentarlo y tomar riesgos. Solo las acciones cuentan. No trabajamos en excusas. Trabajamos en solucionar los problemas. Es una ruta de acción que Iribar inculcó en mí. Crecemos cuando reconocemos los problemas. Es lo que estoy tratando de hacer hoy todavía.

Mi debut profesional.

Mi primera aparición como profesional fue muy inesperada. Fue durante mi servicio militar. No entrenaba hasta la tarde. No veía al primer equipo. Hubo una extraña situación en aquel tiempo con la huelga de los jugadores del campeonato. Me llamaron una noche de jueves para asistir a una reunión en la cual me dijeron que iba a jugar el sábado. Nos íbamos a enfrentar al Atlético de Madrid. El partido era televisado. En aquella época, esto añadía presión. Perdimos 2-0. Al final de la temporada 1980-81, el entrenador del filial fue ascendido al primer equipo. Era Javier Clemente. Decidió llevarse a varios jugadores de los reservas con él. Para los porteros, fue Iribar quien tomó esa decision. Apostó por mí, pero también por Andoni Cedrun, el hijo de Carmelo Cedrún, también ex-portero profesional. Yo era el titular y me mantuve ahí.

Un club donde tienes que jugar con el corazón.

Cuando llegué al Athletic, conocía mis cualidades. Había empezado a desarrollar mi juego en las categorías inferiores de la selección española, pero fue al lado de Iribar donde di el salto definitivo. Aprendí lo que los altos estándares y el profesionalismo significaban. También me mostró la importancia de los valores en el fútbol, especialmente en la ciudad de Bilbao. El Athletic es un club histórico. El único, al lado del FC Barcelona y el Real Madrid, que nunca ha jugado en segunda división. Es un club donde tienes que jugar con el corazón. Da igual el rival, tienes que salir a ganar cada partido. Es un tema cultural también. En Bilbao, una ciudad industrial, lidiamos con trabajadores muy duros. Nadie se sorprende de ver gente llegar al trabajo a las 7 de la mañana. Esta inversión y gusto por el trabajo, lo encuentras de manera especial cuando vistes estos colores. Es por eso que el frenesí por este club es especial. Apoyamos al primer equipo igual al resto de equipos del club. No es extraño ver partidos de los juveniles o del equipo femenino que se juegan ante 25,000 aficionados. Valoramos a todos, nos interesamos y celebramos el trabajo y éxitos de todos los equipos del club.

Cuando firmé mi contrato, me pregunté muchas cosas. ¿Cómo iba a crecer al lado de una leyenda como Iribar? ¡Era el portero desde hacía más de 19 años! ¿Cómo iba a triunfar ante tal leyenda? Un portero que tenía el récord de partidos jugados con la selección nacional. No era fácil para mí. Especialmente porque no había completado mi temporada de juveniles en Bilbao. ¿Cómo iba a encontrar mi lugar en el club que favorecía a jugadores de su propia cantera? Iribar me ayudó a encontrar mi lugar. Más tarde, gracias al trabajo, comenzaron a llegar los primeros títulos…

Un momento único que guardaré siempre en mi memoria.

Un momento único que guardaré siempre en mi memoria.

Mi primer título.

De todos los títulos que gané con el Athletic, el primero tiene un significado especial para mí. Todo se jugaba en la última jornada de la temporada. El Real Madrid se enfrentaba al Valencia CF y nosotros nos enfrentábamos a Las Palmas. El Madrid estaba en una buena dinámica sin perder partidos. Sin embargo, perdieron ese día en los segundos finales del partido, mientras nosotros ganábamos 5-1. Recuerdo una frase de Piru Gainza, la mano derecha de Javier Clemente: «Chicos, todavía no os habéis dado cuenta de lo que habéis alcanzado, ¡pero mañana veréis! Y así fue, ¡lo vimos! Cuando regresamos a nuestra ciudad, una gran multitud estaba esperándonos en el aeropuerto. En las calles de Bilbao, había millones de fans, algunos venían de muy lejos. Jóvenes, ancianos, familias. Toda la comunidad. Fue un momento único que quedará grabado en mi memoria.

En los 80’s, la situación política era espantosa en España y en el País Vasco. Los ataques se multiplicaban. Sin embargo, cuando el Athletic jugaba, solo había hinchas unidos y juntos por el mismo escudo. Esta pasión continuó la temporada siguiente durante el Doblete de Copa y Liga. Y continuó con el paso del tiempo… incluso cuando el equipo perdía. En 2012, con Marcelo Bielsa en el banquillo, el Athletic finalizó sexto en la Liga, perdió en la final de la UEFA Cup y en la final de la Copa del Rey. Los aficionados quisieron felicitar al equipo por este gran trabajo. Hay reconocimiento y apoyo inquebrantable del público en los buenos momentos, pero especialmente, en los momentos más duros.

Chicos, todavía no os habéis dado cuenta de lo que habéis alcanzado, ¡pero mañana veréis!

La relación que tengo con el Athletic no siempre ha sido fácil. Hubo momentos duros. Cuando era director deportivo, pero también como jugador. Soñé con seguir el mismo camino que mi mentor. ¿Por qué no permanecer en el club por 10, 15 o quizá 19 años como Iribar? No me di cuenta que el fútbol quizá estaba evolucionando y que estaba lleno de sorpresas…

Mi salida al FC Barcelona.

En 1986, mi situación era tanto simple como complicada. No tenía un agente. Mi contrato terminó al final de la temporada 1986. En mi cabeza, no tenía dudas: mi aventura con el club iba a continuar de manera natural. Sin embargo, el FC Barcelona quería firmarme. La dirección catalana vino a verme a ver y me transmitieron su deseo de contar conmigo. Les dije que hablaran directamente con el Athletic. Ellos estaban sorprendidos teniendo en cuenta que no tenía un contrato. «Andoni, ¿Por qué deberíamos negociar tu venta cuando tu contrato ya ha finalizado?» Pero para mí, era inconcebible hacer otra cosa. Así es que el Barcelona dio los primeros pasos. Estaba relajado pensando que obtendrían un rotundo «no», pero no fue el caso. «Necesitamos dinero Andoni, tienes que ir al Barcelona». Y así fue. Vender a un jugador libre de contrato es muy raro, ¿no? No creo que se hayan visto casos similares en el fútbol.

¿Porqué deberíamos negociar tu venta si tu contrato ya ha finalizado?

Así que fui a Barcelona donde viví nuevas aventuras y conocí gente nueva. Barça es otra forma de jugar al fútbol. Otra cultura. Otra pasión. Pero eso lo dejaremos para otro día. Quién sabe, quizá nos enfrentemos a ellos en la UEFA Champions League en un futuro no muy lejano…

Andoni Zubizarreta

© Crédito Fotos de Archivo: Athletic Club Museum Archive

Compartir en Viber:

Compartir en otras redes sociales: